25/11/14

Limpiar los cristales

A la hora del desayuno, ella miró por la ventana y comprobó con agrado que tenían nuevos vecinos en la casa de enfrente: una mujer estaba colgando una sábanas. "Vaya", pensó, "están sucias. Si la conociese, le enseñaría a lavarlas".
Días después, mientras desayunaba, volvió a ver a la nueva vecina tendiendo sábanas sucias. "Mira", le dijo a su marido, "si tuviese confianza con ella, le enseñaría a lavarlas".
La escena se repitió algunas veces más hasta que, un día, al mirar por la ventana, ella descubrió que las sábanas que colgaba su vecina estaban limpias. "Las sábanas están limpias", dijo a su marido, "igual la otra vecina le ha enseñado a lavarlas". "No", contestó éste, "esta mañana me he lavantado un poco más temprano y he limpiado los cristales".
Es muy fácil hablar de los demás, pero antes de hacerlo, recuerda limpiar bien tus ventanas.

Esta historia me la han contado y, por desgracia, no sé a quien pertenece.


22/11/14

Frances Ha


Otra película que me ha dejado a medias, seguramente porque esperaba enamorarme irremediablemente de ella, pero no cumplió mis expectativas.
Fraces es una veinteañera que vive en Nueva York, que quiere ser bailarina y que no tiene un duro. Y mientras intenta alcanzar su sueño, a su alrededor todos cambian, y maduran, y pasan página. Todos menos ella, claro. Una premisa interesante, ¿no? Pues resulta que, para mí, no termina de cuajar como está contada la historia; se me hace lenta y, a veces,  noto cierta desconexión entre los sucesos.
A pesar de todo, sí que me dejó poso después de verla y, de hecho, estuve toda la tarde pensado en ella y en la "moraleja" que yo entendí.
Lo mejor sin duda: la fotografía en blanco y negro, y que suena Modern Love de Bowie (¿he comentado que adoro a Bowie?).


¿No es la canción perfecta para activarte un sábado gris y lluvioso? :)

19/11/14

Magdalenas sin remordimientos

No sé si he comentado alguna vez que soy bastante nazi con la comida. Tengo una fijación casi enfermiza por comer lo más natural posible así que no consumo precocinados, ni apenas conservas (a excepción de las que prepara mi madre, que curiosamente son las que más riesgo de botulismo tienen, como cualquier conserva casera, pero como sé exactamente qué llevan y hasta la fecha todas han estado en perfectas condiciones, y lleva haciéndolas toda la vida, pues ahí sigo). En fin, que me lío; aquí va una recetilla muy fácil para hacer magdalenas en casa, y que sean lo más "sanas" posibles; precisamente para "pecar" sin remordimientos.
1. Batir 5 claras de huevo. No hace falta llegar a punto de nieve ni nada de eso, pero de este modo la masa queda un poco más esponjosa.
2. Añadir un huevo entero y azúcar, batir nuevamente la mezcla. Yo le pongo unos 80 gr. de panela, es decir, azúcar de caña sin refinar, ni cristalizar, ni na' (fascismo nutricional). Es poca cantidad, pero a mí me vale.
3. Mezclar en un bol 60 gr. de harina de trigo integral y otros 60 de harina de avena con un sobre de levadura (por desgracia, química, porque la natural no está indicada para este tipo de repostería).
4. Añadir poco a poco la mezcla de harinas a la de huevo mientras se sigue batiendo.
5. Poner también un chorrito de aceite, yo, de oliva virgen extra.
Esto sería la magdalena básica, pero les suelo meter algo más: en las de la foto había semillas de chia, a veces las hago de chocolate, o con frutos secos, o con arándanos... Las posibilidades son amplias.
Cuando hayamos distribuído la masa en las correspondientes cuqui-cápsulas, sólo queda hornearlas. Es importante precalentar el horno y hacerlas a temperatura no muy alta para que se cocinen bien, pero sin resecarse; de lo contrario quedarían duras. No puedo decir a cuantos grados las hago porque mi horno en vez de grados tiene números (sí, números; yo también alucino, y lo que me costó cogerle el punto...).